Marzo que te quiero marzo

Creo que la cancioncilla era “verde que te quiero verde”, pero lo mismo me da que me da lo mismo.

Hoy ha sido un buen día. Y eso que mi cuerpo se ha despertado a eso de las 4:30 de la mañana, dos horas antes de lo que estaba puesta la alarma del despertador, y he conseguido reconciliar el sueño cuando ha sonado. Evidentemente, he mandado a la mierda al aparto, y hasta las 7:30 me he negado a separarme de la almohada, y he acabado leyendo los apuntes que nos había dado el profe el día anterior para esta mañana desde la cama. Menos mal que eran interesantes, porque si no, me veía ahí dormida otra vez. Pero ha habido suerte. Porque esa asginatrua es tan, pero tan abstracto, que no sé por dónde cogerla. Tenía que haberme cogido el módulo de Virginia Woolf y allá  morirme con un millón de lecturas por semana, que ya le he cogido el truquillo al asunto.

Luego me he ido por ahí en busca del material necesario para hacer un par de regalos de cumpleaños (shhh, sorpresa, sorpresa) y a comprarme un champú sólido que dudo si hincarle el diente o no dado lo bien que huele a coco. Ahora mismo mi pelo anda entre el coco y el lavanda y no se aclara, pero vamos, que cualquier día me enveneno sola.

No es que me haya movido mucho o haya avanzado mucho, porque lo cierto es que no he hecho gran cosa. He pillado un par de rollitos y un café y me he ido a un parque que, descubrí el otro sábado, está a escasos diez minutos de mi casa. Y allí me he puesto a leer el libro que me compré el otro día. Otra trilogía de Brent Weeks, y que, aunque despacito, ya me tiene enganchadísima. Espero terminarlo este mes (que tiene sus setecientas y pico páginas) y poder mandarlo de vuelta antes del viaje final con la próxima visita que viene en abril.

Esta mañana se ha levantado con niebla y por eso el paisaje no ha sido tan agradable como la última vez que estuve allí, pero el lugar es una delicia, así que he rebuscado por Google, y aquí tenéis un foto del “monumento” que hay en el “Magadalen Green and Bandstan”

 

HarryMcGregor-print

 

La semana pasada cogí el toro por los cuernos y decidí cambiar mi modus de vida porque últimamente no estaba siendo vida ni nada. Así que me he quitado de las “clases-de-apoyo-donde-no-aprendo-un-carajo” y el alivio de las 4 horas las noto. Espero no cruzarme con el profesor, porque además es de esos que no entienden que tengas más vida más allá de sus clases y, francamente, no he estado casi cuatro años aprendiendo lingüística (aunque fuera castellana) para que alguien me explique la diferencia entre un punto y un punto y aparte. Sobre todo cuando me paso el día leyendo y leyendo y soy capaz de fijarme en esas cosas (y de apuntar expresiones chachis como “hence”, “otherwise” y demás, para mis futuras redacciones). Así que, con la tontería, ya me he puesto al día, y para este fin de semana calculo que tendré todos los trabajos de las próximas tres semanas hechos y las dos siguientes a por el ensayo.

 

En otro orden de las cosas, este fin de semana fue raro con ganas. Teníamos cumpleaños, de dos personas con las que me llevo bastante bien, cosa rara últimamente, tal y como está el ambiente. Pensé que me iba a dar algo en la fiesta, así que, por si acaso, iba con mi vestido favorito y mis zapatos nuevos, que como llevan tacón me suben un poquito más la autoestima. Luego descubrí que eso de ir a un cumpleaños y llevarle un detalle a un amigo debe de ser algo español o yo qué sé, porque nos miraron hasta mal algunos. Joder, que no los hemos comprado para haceros sentiros mal; que si me he pasado media mañana en plan, esto sí, esto no, esto puede, eso quizás no es por vosotros, sino por ellos. En fin. A lo que iba. El sábado descubrí a más españoles en una noche que toda mi estancia aquí. En la fiesta había tres chicos y una chica y no me tiré con uno de ellos hablando de Star Wars todo lo que me hubiera gustado pues porque N se pilló el señor pedal y había que estar más pendiente de ella que de la cartera de uno. Y como la cosa estaba mejorando y mejorando por momentos, pues en cierto momento le comenté a los del cumple que si querían podíamos seguir la fiesta (que eso de que acabe a las 2:30 pues…) en mi piso. Y mientras esperábamos a que vaciaran el piso donde habíamos empezado la noche, llegó más gente, gente se encontró con gente, y yo no me enteré hasta que empezaron a despedirse todos de uno en uno a eso de las casi 6 de la mañana. Y excepto dos lituanias, la francesa y el alemán que venían con nosotros, todos, el resto, casi quince o doce, ya ni sé, personas eran de España. Pero de España, España, no de hablo español pero soy de Sudamérica. Y casi me meo cuando a uno le pregunto que de dónde es y me dice que muy lejos, y yo pensando, claro, porque Jaén, Almería, Canarias, Sevilla y Granada son de muy cerca. Y el tío era de Navarra. Navarra. Navarra es lo más cercano a Burgos que he encontrado hasta ahora. Y eso. Que arreglar el mundo, España en concreto, a las 6 de la mañana más sobrios que cansados, con doce desconocidos mola mucho. Sobre todo cuando las espectativas al empezar el sábado habían sido tan nefastas.

 

Por lo demás… sigo coja -son los zapatos, que hasta que no encuentre otros tengo que seguir con los medios rotos y no es que pueda andar mucho, precisamente, si no quiero no poder moverme durante horas -, ya he mandado mi solicitud al centro de lenguas de Edimburgo para hacer el examen el 11 de mayo -a ver cuando contestan que no me quiero ir hasta Londres a por él -, he conseguido librarme del caos alimenticio que estaba llevando, y el tiempo sigue mejorando. Así que, ahora que lo de hacer sociedad y conocer a gente directamente ya me da exactamente igual, sobre todo cuando estar con cuatro personas que me aprecian y mantener mi vida en rumbo consige mantenerme feliz, y libre de amarguras; voy a empezar a conocer Dundee más allá del centro y a moverme más por este país ^^.

(Y a actualizar más seguido. Fue cosa de la depresión, de verdad).

P.D. ¡He recuperado mis ondas! Últimamente mi pelo se estaba resistiendo cosa fina pero ay, coco, coco de mis amores.

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2 thoughts on “Marzo que te quiero marzo

  1. Y yo pensando: “Qué raro, Virginia ha escrito una entrada corta…”. Luego he visto que el texto seguía debajo de la foto.
    A mí también me encanta el champú de coco, pero no me gusta el dolor de tripa que me produce al digerirlo… (es coña, de momento he resistido estoicamente la tentación).
    Me gusssssssta que vayas encontrando mejores cosas cada vez ^_^
    ¿Quién te visita en abril?

  2. Sis y Cris, ya está casi todo el viaje organizado y preparado. Me muero de ganas :D
    JA, ILUSA. Sabía que eras tú en cuanto he leído entrada corta… -es que con tanto link que aparece en el correo me lío-.
    Y tengo al lado uno de canela y otro de no sé a qué huele pero es igual que unos caramelos que me suelo tomar para el catarro, y ayyyyyy

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